Cuando su padre muere, Pierre entra de la mano de su madre, en un mundo lleno de excesos y depravación que al principio le atemoriza, pero al que se integra rápidamente. El joven renuncia entonces a una vida moralmente recta, guiada por una profunda devoción religiosa, para vivir a plenitud su nuevo carácter hedonista, lo que sin embargo no le impide descubrir el verdadero amor.



